Rebeca

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  • Título original: Rebecca
  • Año: 2020
  • Público apropiado: Jóvenes-adultos
  • Dirección: Ben Wheatley
  • Intérpretes: Lily James, Armie Hammer, Kristin Scott Thomas, Keeley Hawes, Mark Lewis Jones, Jane Lapotaire, Ann Dowd, Bill Paterson, Sam Riley, Bryony Miller, Ben Crompton, John Hollingworth
  • Argumento: Daphne Du Maurier (novela)
  • Fotografía: Laurie Rose
  • Sinopsis oficial

    Una joven vive un arrollador romance en Montecarlo con el apuesto viudo Maxim de Winter. Tras casarse con él, llega a Manderley, la imponente finca familiar de su esposo, situada en la costa inglesa. La joven, ingenua e inexperta, empieza a aclimatarse a los pormenores de su nueva vida cuando se sorprende combatiendo a la sombra de la primera esposa de Maxim, la elegante y cosmopolita Rebeca. Cuyo inquietante legado mantiene vivo la Sra. Danvers, siniestra ama de llaves de Manderley.

    Crítica

    Regreso a Manderley

    Ochenta años después de que Alfred Hitchcock rodara su versión de Rebeca, que basada en la novela de Daphne Du Maurier ganó el Oscar a la mejor película, llega esta nueva adaptación para Netflix de un tal Ben Wheatley, también británico, responsable de filmes no supervaliosos como el distópico High-Rise. Hay un enorme esfuerzo de producción, amor, drama y lujo por arrobas, y se nota que el director ha tenido en todo momento en mente la película del mago del suspense. No diremos que se trata de un remake-fotocopia plano a plano, como el que Gus Van Sant hiciera de Psicosis, pero sí que sigue las líneas maestras. Las novedades son un poquito más de explicitud en las cuestiones sexuales, aunque tratando de mantener la elegancia original, y algún detalle que poco aporta, como el sonambulismo de Maxim de Winter. Y quizá queriendo apartarse de Hichcock estilísticamente –y eso que algún plano está calcado, ese guante que se le cae e la nueva señora de Winters–, hay una escena en galería de espejos deudora de La dama de Shanghai, y hasta suena una cítara que evoca a El tercer hombre, entre otros guiños cinéfilos de fuentes diversas al mago del suspense.

    Una voz en off de la segunda señora de Winter abre el film con la célebre frase “Anoche soñé que volvía a Manderley”, en alusión a la lujosa mansión de su marido. Y enseguida nos retrotraemos al pasado, a Montecarlo, donde trabaja como señorita de compañía de una dama, la señora Van Hopper. Algo torpe y desconocedora de la vida social, conoce a Maxim de Winter, viudo, con el que vive un romance inolvidable, aprovechando un constipado de su jefa. La relación avanza tan rápido que acaban casándose, pero cuando vuelve a Inglaterra, a Manderley, es como si una pesada losa cayera sobre la nueva señora de Winter, en forma de la fantasmal Rebeca de Winter, la primera mujer, omnipresente y continua referencia y ejemplo de cómo deben hacerse las cosas, en la gestión de la mansión, y la organización de bailes y fiestas. Por si fuera poco, el ama de llaves, la señora Danny Danvers, que idolatraba a su antigua ama, le pone las cosas muy difíciles, con su actitud fría y distante, que parece un continuo reproche. Y Maxim, que debiera ser su paño de lágrimas, no ayuda mucho, se diría que ha buscado una sustituta de Rebeca que no estaría a la altura del modelo original.

    Probablemente quien no conozca el film de Hitchcock o la novela disfrutará más de este fastuoso film. En caso contrario entrará en el inevitable juego de las comparaciones. Wheatley entrega una película correcta, pero en el que fallan algunos detalles de las relaciones entre personajes, y cómo se precipitan las cosas hacia el desenlace. Lily James y Kristin Scott Thomas interiorizan bien a la segunda esposa y al ama de llaves, pero algunas de sus escenas compartidas no tienen toda la fuerza que sería de desear. Frente a la sutileza de Hitchcock, parece algo impostado el baile de disfraces con la aparición de la señora de Winters con su vertido; y cuesta creerse que la protagonista al inicio sea una señorita huérfana con poco mundo con la cantidad de modelitos que luce a cada momento, un planteamiento de vestuario muy diferente al de Joan Fontaine en la película clásica. Y decididamente Armie Hammer es bastante soso como Maxime, los cambios que se producen en su él, un verdadero desafío actoral, no acaban de funcionar.

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